martes, diciembre 05, 2017

Sin tiempo

Te quiero,
en la ausencia,
como parte de mis deseos.
Como si despertara
y nos hubiéramos abandonado.
Y nunca mas supiera de ti.
Como si no te hubiera conocido
y volviese a seducirte
en cada primer beso,
en cada mirada furtiva
o en la inquietud de cada frase .

Te busco
al despertar
como raíz firme en mis brazos,
como sabía que fluye
entre los huecos redondos
de mi piel quebrada.
En el último
y desesperado abrazo.

Te espero
En la esquina de mi cama
Mientras escucho a lo lejos
Tu inalterable respiración
Tan ajena a mi absurdo sufrimiento.

Temo
tu marcha inevitable.
Como si sólo existieras
en la ausencia.

Te deseo,
aun sin saber de ti.
Como si todo fuera un continuo
primer instante.
O un sueño
De tus besos,
De mi locura,
De nuestro amor sin tiempo.

viernes, agosto 18, 2017

Tú, mi sueño.

Quizá al comienzo
fue tu presencia,
tu aire distinguido
o tu arrogante indiferencia.

Quizá tu ropa
siempre acertada,
alegre 
y sin excesos.

Tu lejanía inalcanzable.

Quizá al comienzo 
fueron tus palabras 
que todo lo sabían
y nada ignoraban
salvo mi presencia.

Ellas todo mi universo.

Quizá fue alli
donde se refugió
mi ignorancia de esclava
y donde se enquistaron
mis eternas dudas.

Quizá fueron tus manos
que todo lo abarcaban
y nada se escapaba de ellas
salvo mi huida
hacia un amor imposible.

Quiza fue mi alma
rendida a tu omnipresencia
o mi cuerpo ultrajado
en cada uno de tus silencios.

Quizá fueron mis gritos 
y súplicas
desde mi isla perdida
en el océano de los deseos.

Quizá mis labios salvajes
subiendo como la hiedra
entre las ramas yertas
de tu corazón dormido.

Quizá fue mirarte siempre
a través de mi espejo ovalado
esperando desnuda
en noches de luna roja.

Quizá fue nuestra historia
nunca escrita durante años, 
esperando que tus manos 
tomarán las mías
para poner el primer renglón.

Quizá todo nuestro amor
fue como dos ríos perdidos,
que nunca lograron 
abrazar el mismo mar.

jueves, febrero 16, 2017

Nuestro viejo sofá

A veces amar
es cuando llegas cansada
y me pides sentarnos
en nuestro viejo sofá.
Arrecostarte sobre mis piernas cruzadas,
taparte con una ligera manta
desde tus pies cansados
hasta el comienzo de tu fría barbilla.
Sentir como nuestros cuerpos se diluyen
en el mismo fuego.
Acariciar tu cabeza
y escuchar el ronroneo de tu corazón tranquilo.
Cruzar nuestras manos
como si cada uno de nuestros dedos
se dijeran en silencio lo que nos sucedió durante el día.
Una pequeña habitación
abrazándonos al comienzo de la noche.
Una película vista a medias
mientras el sueño nos hamaca
y huimos fugitivos
sin importarnos dónde.

miércoles, febrero 01, 2017

Lo supe ya

Lo supe ya
casi al comienzo.
Cuando el ardor de tu sexo
se rindió al calor de tus abrazos 
y mis ojos se perdían 
en tu espejo de luna.
Cuando ya no era miedo
a mi cama vacía
sino a nuestras inquebrantables despedidas.
Cuando tu presencia 
lo era todo.
Cuando nuestras rosadas manos
se calentaban en el refugio de nuestros bolsillos 
como único hogar.
Supe entonces que no te hallaría 
entre maniquíes de moda
ni entre frases escritas con pintalabios de fresa.
Y comencé a buscarte
entre las hojas blancas de cada noche,
entre las letras de canciones olvidadas,
entre las sombras de antiguas caricias. 
Y te encontré en mi cama,
mientras dormías y me soñabas,
mientras mi cabeza se hundía
en la blanca espuma 
de tu pecho atlántico,
mientras tu boca cerrada 
pronunciaba con deseo mi nombre.

jueves, enero 12, 2017

Adolescencia

Este mundo,
que no es el mío.

El que ellos me hicieron creer,
entre sus verdades
que yo no entendía
convirtiéndolas en mis mentiras.

Unida a su amor 
y a su odio.
Confundiendo que amando se puede odiar
y odiando se puede amar.

Al que me tuvo entre sus brazos
y me sonreía cuando apenas distinguía 
el color de sus ojos.
Quien que me obligaba a aprender
lo que en mi paraíso
no tenía lugar.
Quien me amaba locamente
cuando el sonido de sus latidos
me llegaban desde un país extraño.
cuando yo apenas escuchaba
los rumores de su corazón.

Quien no puso fin
al asedio y a la humillación
mientras yo deseaba verla reina del paraíso.
A quien se empeñaba
en enderezarme por caminos torcidos
cuando apenas sabía andar.
A quien me ofreció
aburridos sacrificios de cautiverio
como triste princesa sin título.

Ellos, que apenas se miraban 
y querían que yo les contara
todas las verdades que nunca se dijeron.
Ellos, que no me ofrecieron
soluciones a mis dudas
y deseaban que yo solucionara las suyas.
Ellos, que entre paredes quebradas
creyeron que la verdad
era la única forma de aprender el camino.

Y ahora
digo no 
a él, 
a ella,
a ellos.
Y a mi sólo me concedo la duda.