jueves, febrero 16, 2017

Nuestro viejo sofá

A veces amar
es cuando llegas cansada
y me pides sentarnos
en nuestro viejo sofá.
Arrecostarte sobre mis piernas cruzadas,
taparte con una ligera manta
desde tus pies cansados
hasta el comienzo de tu fría barbilla.
Sentir como nuestros cuerpos se diluyen
en el mismo fuego.
Acariciar tu cabeza
y escuchar el ronroneo de tu corazón tranquilo.
Cruzar nuestras manos
como si cada uno de nuestros dedos
se dijeran en silencio lo que nos sucedió durante el día.
Una pequeña habitación
abrazándonos al comienzo de la noche.
Una película vista a medias
mientras el sueño nos hamaca
y huimos fugitivos
sin importarnos dónde.

miércoles, febrero 01, 2017

Lo supe ya

Lo supe ya
casi al comienzo.
Cuando el ardor de tu sexo
se rindió al calor de tus abrazos 
y mis ojos se perdían 
en tu espejo de luna.
Cuando ya no era miedo
a mi cama vacía
sino a nuestras inquebrantables despedidas.
Cuando tu presencia 
lo era todo.
Cuando nuestras rosadas manos
se calentaban en el refugio de nuestros bolsillos 
como único hogar.
Supe entonces que no te hallaría 
entre maniquíes de moda
ni entre frases escritas con pintalabios de fresa.
Y comencé a buscarte
entre las hojas blancas de cada noche,
entre las letras de canciones olvidadas,
entre las sombras de antiguas caricias. 
Y te encontré en mi cama,
mientras dormías y me soñabas,
mientras mi cabeza se hundía
en la blanca espuma 
de tu pecho atlántico,
mientras tu boca cerrada 
pronunciaba con deseo mi nombre.