Lo supe ya
casi al comienzo.
Cuando el ardor de tu sexo
se rindió al calor de tus abrazos
y mis ojos se perdían
en tu espejo de luna.
Cuando ya no era miedo
a mi cama vacía
sino a nuestras inquebrantables despedidas.
Cuando tu presencia
lo era todo.
Cuando nuestras rosadas manos
se calentaban en el refugio de nuestros bolsillos
como único hogar.
Supe entonces que no te hallaría
entre maniquíes de moda
ni entre frases escritas con pintalabios de fresa.
Y comencé a buscarte
entre las hojas blancas de cada noche,
entre las letras de canciones olvidadas,
entre las sombras de antiguas caricias.
Y te encontré en mi cama,
mientras dormías y me soñabas,
mientras mi cabeza se hundía
en la blanca espuma
de tu pecho atlántico,
mientras tu boca cerrada
pronunciaba con deseo mi nombre.
casi al comienzo.
Cuando el ardor de tu sexo
se rindió al calor de tus abrazos
y mis ojos se perdían
en tu espejo de luna.
Cuando ya no era miedo
a mi cama vacía
sino a nuestras inquebrantables despedidas.
Cuando tu presencia
lo era todo.
Cuando nuestras rosadas manos
se calentaban en el refugio de nuestros bolsillos
como único hogar.
Supe entonces que no te hallaría
entre maniquíes de moda
ni entre frases escritas con pintalabios de fresa.
Y comencé a buscarte
entre las hojas blancas de cada noche,
entre las letras de canciones olvidadas,
entre las sombras de antiguas caricias.
Y te encontré en mi cama,
mientras dormías y me soñabas,
mientras mi cabeza se hundía
en la blanca espuma
de tu pecho atlántico,
mientras tu boca cerrada
pronunciaba con deseo mi nombre.
1 comentario:
Cada día más.
... y más.
Y más
Publicar un comentario