Cuando la tarde se esconde
y el día ha sido solo un intento
Los segundos se rompen
en afilados cristales.
Vacío en el estómago,
en el alma.
Todo un día sin saber por qué,
sin entender realmente
qué luz me despertó.
Busco la canción
que me haga soñar
al resto de la noche
y no la oigo por ningún lado.
Me dejo llevar
por el movimiento de las manecillas
esperando algo que lo cambie todo,
un giro inesperado,
una ilusión.
Es inútil.
Todo sigue igual que siempre,
nada en este día mereció la pena
y tristemente desconozco por qué.
Nadie podrá cambiar el movimiento
estricto
de este reloj de la vida.
Encerrado
en el laberinto de mi rabia
y de mi negación,
sólo me queda esperar
que mañana
mi corazón despierte
con una insignifiacante sonrisa
capaz de resistir
la enbestida del día.
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