Qué largo se hace
el día,
cuando el jersey
ha perdido
la última gota
de tu aroma trémulo.
Cuando tus abrazos
se enfrían
minuto a minuto
como lagos helados.
Volver a recordar
el sabor
de tus labios
sin pintar.
Qué cansado ya
de la vuelta
al silencio continuo
de mi alcoba neutra.
De nuestro abandono
frío,
al comienzo
de cada semana.
Qué inútil
intentar retener
la llama
que tus manos dejaron
en mis bolsillos
rotos.
Encontrar tus sonrisas
perdidas
entre las horas
del reloj inerte.
Volver de nuevo
a situar
las manecillas
en el tiempo exacto.
Qué lenta se hace
la espera
de tu presencia,
de tu cuerpo encendido,
de la cama habitada,
de nuestros sueños sagrados.
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